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domingo, 30 de marzo de 2008

02-Culto a la madre e hijo (1/3)

Uno de los ejemplos más sobresalientes de cómo el paganismo babilónico ha continuado hasta nuestros días, puede verse en la forma en que la Iglesia Católica Romana inventó el culto a María, para reemplazar el antiguo culto a la diosa –madre de Babilonia. Como dijimos en el capitulo anterior, después de la muerte de Nimrod, su adúltera esposa dio a luz a un hijo del que afirmó había sido concebido sobrenaturalmente. Proclamó que éste era un dios-hijo; que era Nimrod mismo, su líder, que había renacido y que tanto ella como su hijo eran divinos.[1] Esta historia era ampliamente conocida en la antigua Babilonia y se desarrolló en un culto bien establecido, el culto de la madre y el hijo. Numerosos monumentos de Babilonia muestran la diosa madre Semiramis con su hijo Tammuz en sus brazos (véase ilustración).[2]

Ahora, cuando el pueblo de Babilonia se disperso en las varias áreas de la tierra, llevaron consigo el culto a la divina madre y al dios-hijo. Esto explica por qué todas las naciones en tiempos pasados adoraban a la divina madre y a su hijo de una u otra forma, aún siglos antes de que el verdadero Salvador, nuestro Señor Jesucristo naciera en este mundo. En los diversos países donde se extendió este culto, la madre y el hijo eran llamados de diferentes nombres debido a la división de los lenguajes en Babel, pero la historia básica seguía siendo la misma.

Entre los chinos, se llamaba a la diosa madre Shingmoo (Santa madre), y se representa con un niño en los brazos y rayos de gloria alrededor de su cabeza.[3] Los germanos veneraban a la virgen Hertha con un niño en los brazos. Los escandinavos la llaman Disa y también la presentaban con el niño en brazos. Los etruscos la llamaban Nutria; en India, la Indrani, que también era representada con un niño en los brazos, y también, entre los druidas, adoraban a la Virgo Paritura como a la madre de dios.[4]

La madre babilónica era conocida como Afrodita o Ceres, por los griegos; Nana, por los sumerios, y como Venus o Fortuna por sus devotos en los viejos días de Roma; su hijo era conocido como Júpiter.[5] La ilustración muestra a la madre y al hijo como Devaki y Crishna (Krishna).

Por algún tiempo, Isi, la gran diosa y su hijo Iswara, han sido venerados en la India, donde se han erigido grandes templos para su culto.[6] En Asia la madre era conocida como Cibeles, y su hijo Deoius. «Pero no tomando en cuenta su nombre o lugar –dice un escritor–. Era la esposa de Baal, la reina-virgen del cielo quien dio fruto sin haber concebido» [7].

Cuando los hijos de Israel cayeron en apostasía, ellos también se descarriaron con este culto de la diosa-madre. Como podemos leer en el libro de Jueces 2: 13, «Y dejaron a Jehová y adoraron a Baal y a Astaroth». Astaroth era el nombre bajo el cual la diosa era conocida por los hijos de Israel. Da vergüenza el pensar que aun aunque aquellos que conocían al Dios verdadero, se alejaban de él y adoraban a la madre pagana, pero eso es exactamente lo que hicieron.[8] Uno de los títulos bajo el cual era la diosa conocida por los israelitas, era el de reina del cielo, como leemos en Jeremías 44: 17-19. El profeta Jeremías los reprendió por venerarla, pero ellos se revelaron a pesar de su advertencia, y fue así como trajeron sobre sí mismo una plena destrucción por la mano de Dios.

En Efeso, la gran madre era conocida como Diana; el templo dedicado a ella en esa ciudad era una de las Siete Maravillas del Viejo Mundo. Y no solamente en Efeso, sino también a través de Asia y del mundo entero era venerada la divina madre (Hechos 19: 27).

En Egipto, la madre babilónica era conocida como Isis, y su hijo como Horus. Nada es más común, en los monumentos religiosos de Egipto, que el infanta Horus sentado en el regazo de su madre (véase ilustración).

El culto a la madre y al hijo era conocido en tiempos pasados, pues en 1747 se encontró un monumento religioso en Oxford, de origen pagano el cual exhibe a una mujer alimentando a un infante. «Así vemos –dice un historiador– que la virgen y el hijo eran venerados en tiempos anteriores desde China hasta Bretaña... y aún en México la madre y el hijo eran venerados».[9]

Este culto falso se esparció desde Babilonia a varias naciones, con diferentes nombres y formas; finalmente, se estableció en Roma y a través del Imperio Romano. Dice un notable escritor de esta época: «El culto a la grandiosa madre... era muy popular en el Imperio Romano. Existen inscripciones que prueban que los dos (madre e hijo) recibían honores divinos, no solamente en Italia –especialmente en Roma– sino también en las provincias, particularmente en África, España, Portugal, Francia Alemania y Bulgaria».[10]

Bibliografía:
[1] Two Babylons (Las dos Babilonis), pág. 21.
[2] Enciclopedia de religiones, vol. 2., pág. 393.
[3] Las religiones paganas (The Heathen Religión), pág. 60.
[4] Mitos Bíblicos (Bible Myths), pág. 334.
[5] Las dos Babilonias, pág. 20.
[6] Ibid., pág. 20.
[7] Extrañas sectas y cultos curiosos, pág. 12.
[8] Jueces 10: 6; 1 Sam. 7: 3-4, 12, 10; 1 Reyes 11: 5; 2 Reyes 23: 13.
[9] Mitos bíblicos, pág. 334.
[10] The Golden Bough, vol. 1, pág. 356.

Recomendamos:
02-Culto a la madre e hijo (1/3).
02-Culto a la madre e hijo (2/3).
02-Culto a la madre e hijo (3/3).


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