Traducir este Blog

Busca en este Blog

Mostrando entradas con la etiqueta Zarandeo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zarandeo. Mostrar todas las entradas

martes, 6 de diciembre de 2011

Visión de Elena de White sobre el Zarandeo

El 20 de noviembre de 1857 me fué mostrado el pueblo de Dios, y lo vi poderosamente sacudido. Algunos, con robusta fe y clamores de agonía intercedían ante Dios. Estaban pálidos y sus rostros demostraban la profunda ansiedad resultante de su lucha interior. Gruesas gotas de sudor bañaban su frente; pero con todo, su aspecto manifestaba firmeza y fervor. De cuando en cuando brillaba en sus semblantes la señal de la aprobación de Dios, y nuevamente volvían a quedar en solemne, fervorosa y anhelante actitud.

Angeles malos los rodeaban y los oprimían con sus tinieblas para ocultarles de la vista a Jesús y para que sus ojos se fijaran en la obscuridad circundante, a fin de inducirlos a desconfiar de Dios y luego a murmurar contra él. Su única salvaguardia estribaba en mantener los ojos dirigidos hacia arriba, pues los ángeles de Dios estaban encargados de su pueblo y, mientras que la ponzoñosa atmósfera de los malos ángeles circundaba y oprimía a las ansiosas almas, los ángeles celestiales batían sin cesar las alas para disipar las densas tinieblas.

Vi que algunos no participaban en esta lucha e intercesión. Parecían indiferentes y negligentes. No resistían a las tinieblas que los envolvían, y éstas los encerraban como una espesa nube. Vi que los ángeles de Dios se apartaban de ellos y acudían en auxilio de los que se empeñaban en resistir con todas sus fuerzas a los ángeles malos y procuraban ayudarse, clamando perseverantemente a Dios. Pero los ángeles nada hacían por quienes no procuraban ayudarse a sí mismos; y los perdí de vista. Mientras los que oraban continuaban clamando con fervor, recibían a veces un rayo de luz que emanaba de Cristo para alentar su corazón e iluminar su rostro.

Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el directo testimonio que exige el consejo del Testigo fiel a la iglesia de Laodicea. Tendrá este consejo efecto en el corazón de quien lo reciba y le inducirá a ensalzar la norma y expresar claramente la verdad. Algunos no soportarán este testimonio directo, sino que se levantarán contra él. Esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios.

El testimonio del Testigo no ha sido escuchado sino a medias. El solemne testimonio, del cual depende el destino de la iglesia, se tiene en poca estima, cuando no se lo descarta por completo. Este testimonio ha de mover a profundo arrepentimiento, y todos los que lo reciban sinceramente, le obedecerán y quedarán purificados.

Dijo el ángel: “Escuchad.” Pronto oí una voz que resonaba como si fueran muchos instrumentos musicales de acordes perfectos y armoniosos. Era incomparablemente más melodiosa que cuantas músicas hubiera oído hasta entonces y parecía henchida de misericordia, compasión y gozo santo y enaltecedor. Conmovió todo mi ser. El ángel dijo: “Mirad.” Fijé la atención entonces en la hueste que antes había visto tan 62violentamente sacudida. Vi a los que antes gemían y oraban con aflicción de espíritu. Los rodeaba doble número de ángeles custodios, y una armadura los cubría de pies a cabeza. Marchaban en perfecto orden, firmemente, como una compañía de soldados. Sus semblantes delataban el severo conflicto que habían sobrellevado y la desesperada batalla que acababan de reñir. Sin embargo, sus rostros que llevaban la impresión grabada por la angustia, resplandecían ahora, iluminados por la gloriosa luz del cielo. Habían logrado la victoria, y esto despertaba en ellos la más profunda gratitud y un gozo santo y sagrado.

El número de esta hueste había disminuído. Con el zarandeo, algunos fueron dejados a la vera del camino. (“Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, o caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo.” Apocalipsis 3:15-17.)

Los descuidados e indiferentes que no se unieron con quienes apreciaban la victoria y la salvación lo bastante para perseverar en anhelarlas clamando angustiosamente por ellas, no las obtuvieron y quedaron rezagados en tinieblas; pero sus lugares fueron ocupados en seguida por otros, que se afiliaron a la hueste que había aceptado la verdad. Los ángeles malignos seguían agrupándose en su derredor, pero ningún poder tenían sobre ellos. (“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne; sino contra principados, contra potestades, contra señores del mundo, gobernadores de estas tinieblas, contra malicias espirituales en los aires. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo y estar firmes, habiendo acabado todo. Estad pues firmes, ceñidos vuestros lomos de verdad, y vestidos de la cota de justicia. Y calzados los pies con el apresto del evangelio de paz; sobre todo, tomando el escudo de la fe con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de salud y la espada del Espíritu; que es la palabra de Dios. Orando en todo tiempo con toda deprecación y súplica en el Espíritu y velando en ello con toda instancia y suplicación por todos los santos.” Efesios 6:12-18.)

Oí que los revestidos de la armadura proclamaban la verdad con gran poder, y ella producía su efecto. Vi a las personas que habían estado atadas: algunas esposas por sus consortes, y algunos hijos por sus padres. Los sinceros, a quienes hasta entonces se les había impedido oír la verdad, se adhirieron ardientemente a ella. Desvanecióse todo temor a los parientes. Tan sólo la verdad les parecía sublime, y la valoraban más que la misma vida. Habían tenido hambre y sed de verdad. Pregunté por la causa de tan profunda mudanza y un ángel me respondió: “Es la lluvia tardía; el refrigerio de la presencia de Dios; el potente pregón del tercer ángel.”

Formidable poder tenían aquellos escogidos. Dijo el ángel: “Mirad.” Vi a los impíos, malvados e incrédulos. Estaban todos muy excitados. El celo y poder del pueblo de Dios los había enfurecido. Cundía entre ellos la confusión. Vi que tomaban medidas contra la hueste que tenía la luz y el poder de Dios. Pero esta hueste, aunque rodeada por densas tinieblas, se mantenía firme, aprobada por Dios y confiada en él. Los vi perplejos; luego los oí clamar a Dios ardientemente, sin cesar día y noche. (“¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque sea longánime acerca de ellos? Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18:7, 8. Véase también Apocalipsis 14:14, 15.)

Oí estas palabras: “¡Hágase, Señor, tu voluntad! Si ha de servir para gloria de tu nombre, dale a tu pueblo el medio de escapar. Líbranos de los paganos que nos rodean. Nos han sentenciado a muerte; pero tu brazo puede salvarnos.” Estas son todas las palabras que puedo recordar. Todos mostraban honda convicción de su insuficiencia y manifestaban completa sumisión a la voluntad de Dios. Sin embargo, todos sin excepción, como Jacob, oraban y luchaban fervorosamente por su liberación.

Poco después que estos seres humanos iniciaron su anhelante clamor, los ángeles, movidos a compasión quisieron ir a librarlos; pero un ángel alto y de aspecto imponente no lo 64consintió, y dijo: “Todavía no está cumplida la voluntad de Dios. Han de beber del cáliz. Han de ser bautizados con el bautismo.

Pronto oí la voz de Dios que estremecía cielos y tierra. (“Y Jehová bramará desde Sión, y dará su voz desde Jerusalem, y temblarán los cielos y la tierra: mas Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel.” Joel 3:16. Véase también Hebreos 12:26; Apocalipsis 16:17.)

Hubo un gran terremoto. Por doquiera se derrumbaban los edificios. Oí entonces un triunfante cántico de victoria, un cántico potente, armonioso y claro. Miré a la hueste que poco antes estaba en tan angustiosa esclavitud y vi que su cautividad había cesado. La iluminaba una refulgente luz. ¡Cuán hermosos parecían entonces! Se había desvanecido todo rastro de inquietud y fatiga, y cada rostro rebosaba salud y belleza. Sus enemigos, los paganos que los rodeaban, cayeron como muertos, porque no les era posible resistir la luz que iluminaba a los santos libertados. Esta luz y gloria permanecieron sobre ellos hasta que apareció Jesús en las nubes del cielo, y la fiel y probada hueste fué transformada en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, de gloria en gloria. Se abrieron los sepulcros y resucitaron los santos, revestidos de inmortalidad, exclamando: “¡Victoria sobre la muerte y el sepulcro!” Y juntamente con los santos vivos fueron arrebatados al encuentro de su Señor en el aire, mientras que toda lengua inmortal emitía hermosas y armónicas aclamaciones de gloria y victoria.

Extraído del libro inspirado de Elena G. White "Testimonios para la Iglesia", Tomo 1, Pág. 166-170

domingo, 29 de mayo de 2011

El Zarandeo

En la iglesia ocurrián divisiones. Se formarán dos grupos. El trigo y la cizaña crecerán juntos hasta el momento de la cosecha. 2MS130 (1896).

Habrá un zarandeo del cedazo. A su tiempo la paja debe ser separada del trigo. Debido a que la iniquidad abunda, el amor de muchos se ha enfriado. Es precisamente el tiempo cuando lo genuino será lo más fuerte. Carta 46, 1887.

El Testimonio directo produce un Zarandeo: "Pregunté cuál era el significado del zarandeo que yo había visto, y se me mostró que lo motivaría el directo testimonio que exige el consejo del Testigo Fiel a la iglesia de Laodicea. Tendrá este consejo efecto en el corazón de quien lo reciba y le inducirá a ensalzar la norma y expresar claramente la verdad. Algunos no soportarán este Testimonio directo, sino que se levantarán contra él. Esto es lo que causará un zarandeo en el pueblo de Dios. 1JT61(1857)

Estamos en el tiempo del zarandeo, en el tiempo en que todo lo que puede ser sacudido será sacudido. El Señor no disculpará a los que conocen la verdad y no obedecen a sus órdenes en palabras y accciones. 2JT 547-548 (1900)

La paja será llevada por el viento como una nube, aun de lugares donde sólo vemos terrenos de rico trifo. 5T81 (1876)

Los creyentes superficiales renunciarán a la fe. Por la introducción de falsas teorías, estos lectores superficiales, que no están anclados en ningún lugar, son como arena movediza. Se deslizan hacia cualquier posición para acomodar el contenido de sus sentimientos de amargura. 2TM112(1897)

No habiendo recibido el amor de la verdad, serán engañados por el enemigo; prestarán atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios, y se apartarán de la fe. 6T401 (1900)

El enemigo presentará falsas doctrinas, tales como la doctrina de que no existe un santuario. Este es uno de los puntos en los cuales algunos se apartarán de la fe. Ev 167 (1905)

El rechazo de los Testimonios conduce a la Apostasía. Abandonarán su fe en las advertencias y reproches contenidos en los Testimonios del Espíritu de Dios. 3MS 93 (1903)

El último engaño de Satanás se hará para que no tenga efecto el testimonio del Espíritu de Dios.
"Sin profecía el pueblo de Dios será disipado"Prov 29:18 Versión Valera Antigua.
1Ms 54-55 (1890)

Otro engaño es el escepticismo respecto a los puntos vitales de nuestra fe, los pilares de nuestra posición, la duda de las Sagradas Escrituras, y luego la marcha descendente hacia la perdición.
satanás sabe que los engañados no se detendrán allí; redobla sus esfuerzos hasta que lanza en abierta rebelión, la que se torna incurable y termina en destrucción. 4T 211.

Cuando se invalide la Ley de Dios la iglesia será zarandeada por prueblas terribles , y una proporción más elevada de la que ahora anticipamos, prestará atención a espíritus seductores y a doctrinas de demonios. 2MS 422(1891.

No está lejos el tiempo cuando cada alma será probada. Se nos presionará para aceptar la marca de la bestia. A aquellos que paso a paso hayan cedido a las demandas mundanales y se hayan conformado a las costumbres del mundo. La contienda es entre los mandamientos de Dios y los de los hombres. En este tiempo. el oro será separado de la escoria en la iglesia. 5T 81 (1882)

"Es una solemne declaración la que hago a la iglesia, de que ni uno de cada veinte de aquellos cuyos nombres están registrados en los libros de la iglesia se haya preparado para terminar su historia terrenal, y que estaría tan ciertamente sin Dios y sin esperanza en el mundo como pecador común. SC52 (1893)

Fuente : Eventos de los últimos días Pág 176 Cap 12 El Zarandeo EGW
Primeros Escritos Pág 269 Visión Zarandeo EGW


Páginas Destacadas

Archivo del blog